Cultura Inclusiva
La cultura
inclusiva puede definirse como la búsqueda de procesos de construcción social y la lucha contra la
desigualdad, relacionándola, con una educación social, emocional, académica y
ética que tiene como objetivo la transformación del clima escolar. Por
tanto, Ainscow, Booth y Dyson (2006) definen la educación inclusiva como un
proceso de mejora sistemático que deben enfrentar las instituciones con el fin
de eliminar las barreras que limitan la presencia, el aprendizaje y la
participación del estudiante.
Lo anterior
implica que la cultura inclusiva apunta la concientización de la comunidad
educativa, para modificar prejuicios y
estereotipos o modelos mentales con los que docentes y padres de familia han realizado
en la historia educativa, haciendo uso de algunas prácticas poco acertadas en
la formación integral de los estudiantes. Esto conlleva a una reflexión
pedagógica en busca de construir un clima escolar favorable en donde los
maestros y docentes sean fiel reflejo de la práctica de valores como el
respeto, la colaboración, la justicia, la identidad, entre otros.
Así
mismo, (Booth & Ainscow, 2002, p.16), definen la cultura inclusiva como
aquella centrada en crear una comunidad segura, acogedora, colaboradora y
estimulante en la que cada uno es valorado, como el fundamento primordial para
que todo el alumnado tenga los mayores niveles de logro. Pretende desarrollar
valores inclusivos, compartidos por todo el profesorado, el alumnado, los miembros
del consejo escolar y las familias, que se transmitan a todos los nuevos
miembros del centro educativo.
Incluir se convierte en una tarea nada
fácil de cumplir y que constituye todo un reto en la educación, convirtiéndose
en un tema de grandes debates, controversias y todo un largo proceso, cuyo
principal propósito fue, y es hacer frente a los altos índices de exclusión,
discriminación y desigualdades educativas presentes en la mayoría de los
sistemas educativos del mundo.




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